Dice quienes mucho saben que no debemos centramos excesivamente en el análisis del problema de nuestro carácter, sin a la vez ocuparnos de la solución cultivar pensamientos, sentimientos y actitudes mas elevados espiritualmente. O sea relacionalmente, ya que la espiritualidad es lo que da color a mi relación conmigo, contigo y con todo lo existente.
Retomo aquí unas definiciones de algunas virtudes de probada valía, las mismas llegaron a mis manos hace un tiempo y desconozco su autor. Me gustaron y las comparto.
Serenidad: Es la calma, es la paz interior, también se le llama equilibrio emocional o autodominio en situaciones de peligro ante emociones difíciles (ira, pena, dolor soberbia, etc.). Este valor es el requisito dispensable para la reflexión de nuestros actos; este valor nos lleva a soportar los golpes de la vida, nos conduce a la tolerancia y por ende, la justicia. Con esto se logra una forma especial de tener dominio sobre nosotros mismos. Es decir, nos ayuda a controlar los impulsos de nuestras carácter, con esto se afronta los contratiempos que hay en la vida diaria; a tener paciencia y comprensión en las relaciones personales.
La persona serena no se ofusca ni pierde el control de sus actos en situaciones difíciles o enojosas. Sabe muy bien que es precisamente la calma la que permite mirar con claridad y tomar decisiones acertadas.
La persona serena sabe que una mente ofuscada jamás es dueña del buen juicio y que en esas condiciones no siempre se dice lo que realmente se piensa o se cree, ni se demuestra aquello que de verdad se siente.
Una persona serena no solamente procura enviar mensajes de calma y tranquilidad sino que cada movimiento de su cuerpo es apacible y sosegado. La serenidad contagia el ambiente de cordialidad, prudencia y tolerancia.
La persona serena es bondadosa por naturaleza y se halla dotada de fuerzas morales para reaccionar contra las tendencias y pasiones violentas e intempestivas.
La persona serena tiene el sentido de la oportunidad.
Como comportarme para lograr la serenidad:
No hacer declaraciones ni tomar decisiones en medio de olas encrespadas de la vanidad ofendida y de la ira. Porque en esas situaciones la pasión arrastra a las obras, obras que a los cinco minutos somos los primeros en lamentar.
Mantener la calma ante resultados negativos o situaciones enojosas.
Mantener el control cuando alguien opina de una manera diferente a la nuestra.
No ser más hiriente cuando se recibe un mensaje ofensivo.
Mantener la cordura y ser analítico ante las críticas y llamadas de atención.
La serenidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.
“No son las demás personas ni las circunstancias las que nos perturban, sino más bien nuestros propios pensamientos y actitudes sobre esas personas y circunstancias que nos producen inquietud”
Valor: es ese valor que nos hace luchar por lo que “vale la pena”. Nos ayuda a superar nuestros miedos, y encauzar la vida en momentos difíciles. Ser valientes no es fácil: hace falta fortaleza interior.
A veces, la valentía implica ser consecuentes con nuestros actos, y en concreto, asumir nuestros errores. Es más fácil escurrir el bulto, o disimular. Por amor a la verdad, por respeto a los demás, por coherencia con uno mismo, es preciso reconocer los errores. Reconocer delante de nuestros hijos, o de nuestros empleados, o de nuestros alumnos, que hemos metido la pata, y pedir perdón, no nos quita ninguna autoridad; todo lo contrario.
Unos van lanzados por la vida, cuesta abajo y sin frenos, y a otros hay que remolcarlos. Ni una cosa, ni la otra. Pero muchas veces nos atemorizamos por fantasmas que sólo están en nuestra cabeza, y tenemos un enorme miedo al fracaso o al ridículo. Un chico que no se atreve a decirle a una chica cuánto le gusta, por miedo a que le diga que no, no está actuando bien. Aparte de que el “no”, a diferencia del “sí”, nunca es una respuesta definitiva, el mundo no se acaba, y hay más chicas y más ocasiones.
Por otro lado, la valentía tiene que ver también con defender lo que sabemos que es correcto. Aunque defenderlo nos cueste el cuello. La conciencia se “chiva” frecuentemente de que se está cometiendo una injusticia, o se está faltando gravemente a la verdad. En esos momentos, hace falta armarse de coraje y actuar con coherencia. Hay momentos en que es obligatorio hablar para salir al paso de una opinión pública mayoritaria pero equivocada, aunque no le guste a esa mayoría.
Sin duda, la cobardía engendra sociedades enfermizas y débiles. La valentía produce personas dignas de respeto y confianza, sociedades sanas y naciones fuertes.
Sabiduría:
Aquí se trata de saber con ayuda de otros, de tus principios y creencias discriminar cuando aplicar Serenidad y cuando Valor. Es como el freno y el acelerador, solo se logra mayor pericia con cuidado, practica, consejo, observación y tolerando que no somos perfectos pero si perfectibles.






