
Dicen que los problemas posibles están ahí, sin embargo las soluciones son producto de una construcción. Una verdadera solución nunca es inmediata.
Como siempre comenzaremos reconociendo que tenemos un problema y que el problema de cada uno generalmente lleva nuestro nombre propio. El problema de José no suele llamarse María, generalmente se llama José.
Basta de otorgar al otro tanto poder, basta de “él (o ella) me vuelve loca/o”. Nadie es tan poderoso a menos que tu le otorgues ese poder, restándolo del que te corresponde y del que probablemente no quieres hacerte cargo.
Esto de las relaciones es un campo especialmente adecuado para proyectar en el otro nuestras propias dificultades. Hay que apropiarse de la situación, hacernos cargo de nosotros mismos. Para ello recomiendo comenzar dedicándose tiempo y realizando una actividad recreativa. Se trata de recobrar tiempo personal y espacio propio.
Siempre hallo particularmente beneficioso el volver a tener una mayor sensación del cuerpo, caminar treinta minutos o realizar una actividad física que te conecte contigo como cuerpo. Ya sé que tu eres mucho mas, pero casi seguro que la codependecia te ha dejado viviendo en un espacio muy pequeño de miedos, dentro de tu cabeza. Sal del pensamiento, siente y poco a poco disfruta.
En una próxima entrada seguiremos construyendo …
