Psicoterapia en Madrid

Juanma Miguens sobre Salud Mental y Adicciones.

Duelo por divorcio

Muchas veces en nuestras vidas deberemos hacer frente al final de algo, sea la perdida de lugares, cosas materiales o inmateriales.

Sabemos que nada es eterno pero este saber esta en fuerte contradicción con una ilusión romántica y egocéntrica que impregna nuestro sentir. Cada perdida ocasionara un duelo.

En el caso extremo tenemos las perdidas por muerte o desarraigo pero hoy deseo referirme a la perdida amorosa de una pareja, su separación.

En el momento de la ruptura de la relación, las personas tienen que comenzar un duro trabajo de duelo, determinar las responsabilidades del fracaso de la relación, saber que estuvo mal para poder corregirlo. Se debe enfrentar en soledad ya que el otro no volverá ni ayudara en ese análisis solitario y como corolario aceptar la terminación de la relación.

Este proceso de duelo suele acontecer en fases que adapto libremente del saber de  Elisabeth Kübler-Ross que trabajo tan bien cerca de personas próximas a morir. El gran y ultimo duelo. A la fase inicial de retracción, negación y hasta cierto alivio, suele sucederle la ira, para luego dar lugar a la tristeza que idealmente no debería llegar a depresión. Hasta que por fin alcanzamos la aceptación de la perdida y si tenemos suerte un sentimiento de gratitud por lo vivido.

Una separación es siempre un fuerte impacto emocional, aunque a veces sea indispensable o hasta deseada ya que la convivencia este seriamente afectada en su funcionalidad.

Cuando se ha compartido la vida en tantas dimensiones con otra persona, se establece un nosotros en el que hemos vivido mucho y fuertes expectativas, intimidad, cotidianidad,  necesidades e ilusiones. Esta ruptura de ese “equipo”, conlleva un sentimiento muy penoso.

Perdemos compañía, amistad, intimidad, una comunidad de bienes, placeres y responsabilidades, perdemos al amante, al que le entregamos nuestro cuerpo y nuestro amor. Pero no debemos perder el amor por nosotros mismos. Es mas resulta deseable amarnos con mas fuerza que nunca.

Hay veces que la separación es la mejor alternativa, sobretodo en aquellas en donde el maltrato físico y psicológico es cotidiano; para los que tienen una relación extremadamente dependiente y se les vuelve un tormento la vida, para los que sufren a raíz de algún tipo de adicción a las drogas o al alcohol.

Allí donde la amargura es una constante y persiste un profundo padecimiento e impotencia. Para esas parejas en las que él vinculo disfuncional agoto al amor y el miedo y la culpa son los principales elementos que los unen, la separación es definitivamente la mejor alternativa y no un fracaso. Aunque ello no te librara del dolor.

En definitiva afrontar el duelo es elegir ponerse una vez rojo y no cien veces amarillo. Es pagar el precio de intentar tener una realidad mas satisfactoria.

Readaptarse,  repararse y restituirse tienen su coste pero la esperanza de otro horizonte solo se materializa si cortamos amarras y navegamos. Que bien lo dice el poeta…

Si me caí,

es porque estaba

caminando.

Y caminar vale la pena,

aunque te caigas.

Eduardo Galeano

“Primeros Auxilios” para Familias

Sugiero que primero vean este vídeo sobre Familias y Adicción a Sustancias

Hace 21 años ya, en el primer libro que leí sobre el tema, Roger y Mc. Millan indicaban diez tareas como una especie de “primeros auxilios” a seguir con una ayuda profesional y/o afiliación a un programa de 12 pasos.

 

 

  1. Aprenda que es la enfermedad. Involúcrese en el tratamiento.
    “Si no soy parte de la solución, soy parte del problema y probablemente seguiré sufriendo”.
  2. Identifique las conductas protectoras y provocadoras.
  3. Ponga fin a las conductas protectoras y provocadoras.
  4. Examine sus resentimientos y modos de pensar distorsionados y defensivos.
  5. Comience a tratar sus propios problemas.
    La codependencia se caracteriza por la obsesión en la conducta del adicto, por el involucrarse repetidamente con adictos, por la inmovilización ante la conducta adictiva, por la incapacidad para evitar conductas provocadoras y por la descompensación emocional cuando el adicto mejora.
  6. Establezca expectativas razonables para el futuro próximo.
  7. Reduzca su atención sobre la vida del adicto.
  8. Considere la posibilidad de una recaída.
  9. Aprenda a controlar sus emociones. Aprenda a verificar y alterar su propio proceso de pensamiento.
  10. Busque el progreso y no la perfección.

Extraído de Ronald Rogers y Chandler Scott Mc. Millan: “Ayudando a alguien que usted ama a recuperarse del alcohol y otras drogas”. Ed. Atlántida 1990, Buenos Aires.

“Cuando me relaciono, sufro”.

No, no es una confesión de parte. Es lo que he escuchado muchas veces en la consulta.

Buena gente, talentosa y llena de ganas, pero con un aprendizaje muy disfuncional sobre lo que implica tener una relación de pareja, o simplemente amar. Y si lo piensan como yo lo veo es bastante lógico:

Los humanos nacemos muy inmaduros, ergo dependientes, vulnerables. Valiosos pero imperfectos. Si por privación externa o por una extraordinaria sensibilidad nuestra, las lógicas necesidades de dependencia no son satisfechas adecuadamente, vamos descentrandonos para intentar aumentar el contacto con el otro. Es un intento muchas veces infructuoso, pues hay padres ausentes, ocupadísimos o muy narcisistas e insensibles. Padres que ignoran y abandonan, otros que fuerzan y atacan.

El resultado será que dependeremos, sea de forma pasiva, con la consiguiente inhibición, blandura de carácter, inexpresividad, sea con características mas activas de hipercontrol, rabia, celos y ansiedad.

Así, este aprendizaje viene de nuestros primeros vínculos. Allí donde se construye la autoestima (quererte) y sus disfunciones: desvalorizados y arrogantes, Todo esto se potencia por la sociedad de consumo que confunde, imponiendo lograr aceptación externa, sacrificando la vinculación con nuestro ser (self).

En esas primera experiencias se aprenden los límites para el relacionarte. Gran parte del daño se produce por el abuso (trauma), y no solo me refiero al sexual (que algunas veces lo hay), sino por haber recibido o limites rígidos como paredes. Estos generan mucha rabia y miedo. También puede darse una perversa combinación de paredes y agujeros, donde según el caso y el momento todo cambia de lógica estricta hacia una permisividad sin frenos.

Se va constituyendo así una persona que va teniendo dificultades en ser consciente, apropiarse y expresar la realidad propia; la realidad de las sensaciones del cuerpo, de los propios sentimientos. Esta es la base de mucha de la confusión y ansiedad que se siente en la codependecia. Se va perdiendo ese deseable eje entre lo que pensamos, sentimos y actuamos.

Así se originan dos tipos de funcionamiento. Para explicarlos aquí no me queda mas remedio que simplificar, aunque sabemos que cada persona es un mundo. Por un lado están los dependientes y por otro su contrapartida, los anti dependientes (los que no se entregan jamás). A ambos les esta vedado el mundo de la cooperación, la interdependencia, lo democrático y amoroso de una sana relación.

Ah, la foto la escogí porque esto también les pasa a los hombres.

Pronto escribiré algo sobre la solución, que la hay….

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