Conocéis ese cuento que dice que en algún lugar de Oriente a un hombre le dieron la noticia que su hijo cayo del caballo quedando cojo. Sus amigos se apresuraban, solidarios diciendo: “Que mala suerte”. El respondía: “Buena suerte, mala suerte, quien sabe?”. Y el cuento prosigue planteándote escenarios que te invitan a pensar, ah eso es bueno y luego, ah, eso es malo… Concluye estableciendo que nunca sabemos de antemano si las cosas que nos suceden serán para bien o para mal. Claro que no tiene que gustarnos, pero la diferencia esta en como te tomes algo, lo que hace una gran diferencia.
Pero con esto no quiero dar a entender que teniendo un pensamiento mágico, del tipo de nada malo pasara si yo no lo pienso o si pienso “en positivo”, me salvare de lo malo. Ya Buda nos recordaba que el sufrimiento es parte de nuestra vida.
A este sufrimiento se puede quedar en dolor o pena si podemos aumentar la aceptación de lo que sucede.
La aceptación es una postura realista que se transforma en una mayor capacidad de adaptación y en una mas eficaz conducta sobre el medio.
A todos nos cuesta salir de la auto conmiseración, de la actitud de añoranza de un pasado feliz. Sin embargo creo que sin negar maniacamente la pena que un evento desgraciado nos produce, una mejor actitud nos ayudara ser mas positivos, optimistas e intentar continuar haciendo aquello que este en nuestra mano para mejorar.
Lo otro lo dejamos a cargo del azar, Dios o como a ti te guste denominar al misterio.




