La aceptación de cualquier enfermedad no es una tarea fácil y más en el caso de la depresión, ya que se continua percibiendo mas como un estigma que como una enfermedad. Forma parte de ese conjunto cambiante de enfermedades vergonzantes como antes lo fueron la lepra y luego la tuberculosis. En esta poco compasiva sociedad moderna, sociedad de ganadores, no exagero si digo, que la depresión se vive con demasiada vergüenza y culpa.
Las estadísticas nos dicen que afecta al 5% de la población en países occidentales. Una de cada seis personas padece un grave episodio depresivo en algún momento de su vida.
En el mundo de la psiquiatría, se conoce a la depresión como “el resfriado de la salud mental.” Se trata de una enfermedad que se propaga y que se diagnostica cada vez más.
Winston Churchill solía denominar a su depresión como “un perro negro.” Churchill creaba así una buena metáfora. Se puede dominar al perro, aunque a veces se escapa o muerde la mano de quien le da de comer.
Churchill no fue un caso único. Muchas otras personas famosas y muy talentosas han tenido que lidiar con la depresión y han tenido que vivir con ella y pese a ella.
Convivencia con el “perro negro”
Los tratamientos para restablecer la salud en la depresión son dificultosos, pero mucho más aún son los problemas que causa la enfermedad si la dejas sin tratar.
La peor noticia es que cada año miles de depresivos se quitan la vida y muchos más intentan hacerlo.
Actualmente el suicidio es una causa muy importante de muerte entre los adolescentes y jóvenes y se sobreentiende que la depresión juega un papel predominante en estos suicidios.
Existe el mito que las personas que sufren de depresión no están en su sano juicio, que están tan consternados que no pueden ni si quiera salir de casa. En realidad, muchas de las personas que padecen esta enfermedad son capaces de llevar adelante un empleo y una vida normal. Muchos de ellos están con medicación y asisten psicoterapia regularmente y otros buscan ayuda en otro tipo de tratamiento alternativo como la acupuntura, la meditación o el yoga.
Señales de Peligro
Se puede vivir pese a una depresión crónica, pero hay que tomar cartas en el asunto y solicitar ayuda cuando observes:
Cambios en el estado de ánimo
La depresión puede asemejarse a una montaña rusa (componentes bipolares) y contemplar cambios de animo de forma rápida o ampulosa. De la retracción al enfado, con periodos de aislamiento y retracción.
El peso
Otra característica podría llegar a ser el aumento o la drástica pérdida de peso.
Noches de insomnio
Muchas formas de depresión crónica son causadas por un desequilibrio químico en el cerebro. Esta sustancia química, la serotonina, es la que nos ayuda a conciliar el sueño. Advierta y actúe ante sus dificultades para dormir
Comportamiento apático o fatalista
Las personas que padecen esta enfermedad habitualmente demuestran poco interés por las cosas (anhedonia) o simplemente esperan lo peor (fatalismo). Preste atención a declaraciones como “No importa, de todas maneras no servirá para nada,”
Asumir lo que traes
Los investigadores destacan que la depresión crónica tiene sus orígenes genéticos. La depresión es hereditaria.
Hay solución – Busca ayuda, comparte y ocúpate con confianza.
Con la medicación adecuada, pueden controlarse los síntomas de la depresión y se puede llevar una vida normal.
La aceptación de la depresión nunca es fácil. Una de las partes más engorrosas dentro del padecimiento de esta enfermedad consiste en explicarle a las personas lo que uno padece o en pensar qué dirán sobre uno y sobre el tema
Pese a ese miedo, comunicar es la clave para generar conciencia social e ir logrando que esta enfermedad se vea como lo que es: un trastorno sobre que nos viene impuesto.
Lo mejor que se puede hacer el enfermo es aprender a manejar la enfermedad. La clave consiste en asumirla y buscar ayuda, pese a que no le apetezca.
Contraríe su voluntad. Practique hábitos saludables. No se quede solo. Coma y duerma adecuadamente.
Todo pasa… y esto también pasara.